Es ampliamente conocida y ha sido muchas veces reproducida la frase de Séneca:
-La suerte es donde confluyen la preparación y la oportunidad-

Para que esa preparación exista y se mantenga en el tiempo, debemos prestar especial atención al momento en que nuestras rutinas de estudio, de cuidado personal y de todo lo que acompaña a la vida del opositor son acechadas por el aburrimiento.
Obviamente, también hay factores que se pueden dar de forma aleatoria que puedan beneficiarnos, pero por mucha suerte que tengamos a esa “suerte” hay que ayudarla. Por ejemplo, tener suerte en el tema que nos pregunten en el examen, que por cierto, todavía de hecho hay oposiciones en las que se saca una bolita de un bombo como si de la lotería de navidad se tratara, si no nos hemos preparado ningún tema, nuestras posibilidades de superar la prueba serán casi nulas.
Dicho esto, podemos entender la preparación como nuestra rutina de estudio y la oportunidad como cada uno de los exámenes que hemos de superar en el proceso selectivo al que nos presentamos.
Cada día de estudio completado, es un logro, un escalón que te acerca a tu gran objetivo, es en el día a día, y en esos escalones es en los que pretende centrarse este artículo. Yo me voy a referir al mundo del opositor, pero lo cierto es que la mayor parte de las apreciaciones son aplicables a cualquier objetivo que requiera una constancia y un esfuerzo por parte del protagonista.
Tal y como afirma James Clear, en su obra Hábitos atómicos -la más grande amenaza del éxito no es el fracaso, es el aburrimiento-, estableciendo como continuación a esta reflexión que -Los profesionales mantienen un horario, los aficionados dejan que la vida se entrometa en el camino-.
Cuando hablo de preparación, me refiero a un escalón, a cada día de estudio. Guardando las distancias con lo que habitualmente nos ocurre con los bienintencionados propósitos de principios de año, que a veces incluso volvemos a situarlos en nuestra lista año tras año, podemos entender la importancia de centrarnos en el día a día, de la constancia, del por qué poner el foco también en los objetivos pequeños, en esos hábitos del día a día incardinados en nuestras rutinas ya que si no elegimos ese caminos, corremos el riesgo de seguir reutilizando la misma lista año tras año. De ahí la importancia de crear hábitos que nos acercan a nuestro objetivo como parte de nuestras rutinas que hagan viable lograr nuestro propósito.
¿Qué ocurre cuando nos enfrentamos a rutinas durante cierto tiempo?
Es frecuente que nos aceche el aburrimiento, disfrazado de esos momentos en el que se nos hace cuesta arriba ponernos a estudiar, hacer un resumen de un tema que nos resulta espacialmente farragoso o un esquema que quizás nos planteamos que nos podemos saltar. Esto ocurre fundamentalmente cuando en esas rutinas la actividad en sí no nos resulta especialmente estimulante y no se obtienen recompensas inmediatas.
De forma simultánea, nos acordamos que tenemos pendiente hacer una llamada, nos surge una imperiosa necesidad de tener la casa limpia o de hacer la compra ¿en serio?. Pues lo que está ocurriendo es que estamos aburridos y estamos creando excusas y urgencias para justificarnos y validar esa posibilidad de no sentarnos a estudiar, no hacer el resumen de un tema especialmente farragoso que estaba en nuestro orden del día o el esquema de otro tema que total, llegamos a la rápida conclusión que es tan fácil que ya no lo necesitamos hacerlo.
Lo mismo ocurre para aquellas personas que se quieren poner en forma pero les surgen veinte mil excusas para saltarse los entrenamientos o para aquellos que han decidido que quieren comer sano pero se autoconvencen cada día con algún motivo que justifica hacer una excepción.
Cada gran logro viene precedido de pequeños logros que nos dirigen al objetivo final y sin los cuales dicho objetivo es más que improbable que llegue a convertirse realidad. No podemos llegar al final de nuestra elegida escalera, sea cual sea nuestro objetivo en cuestión, si no vemos los escalones (ni existe rampa).
Una vez que somos conscientes de esto, y se nos da una situación de esas en las que cualquier opción parece más acertada que ponerse a estudiar, puede ser útil analizar esas excusas y urgencias que nos han surgido, mirarlas con cariño, incluso con un toque de humor, mira, ahora hasta me apetece limpiar!! En resumen, con total aceptación, aceptación incondicional hacia nosotros mismos y nuestros procesos de pensamiento.
Es en esos momentos cuando toca sonreír y seguir. Combatir ese aburrimiento sabiendo que es algo normal, parte del proceso, pero que una de las diferencias fundamentales entre lograr el éxito o quedarse en el camino, radica justo ahí.
El mensaje principal en la mayoría de los casos sería:
Deja de pensar y siéntate a estudiar!!
Al margen de ese mensaje directo y básico, existen algunas pautas en el mundo del opositor que pueden facilitar nuestra tarea para superar esos momentos de “aburrimiento” en nuestra preparación, como por ejemplo:
- Revisar las motivaciones que nos han llevado a opositar. Estudiar un temario y enfrentarse a uno o, con frecuencia, varios exámenes parte de un proceso selectivo requiere un importante esfuerzo por lo que debes cerciorarte que esa motivación es intrínseca, es decir, que opositar es importante para ti. Enúnciala de la forma más específica posible. Quiero aprobar la oposición X en la convocatoria Y.
- ¿Podemos recordar algún logro del pasado que nos requiriera especial esfuerzo? Revive esa sensación, la de durante y la del final del proceso, recorre el camino.
- Visualizarnos con nuestro objetivo final logrado. Lo más vívido posible. Dónde estoy, que siento, cómo es mi vida, quién me rodea e incluso que llevo puesto y qué me digo a mí mismo.
- Contar con un plan prefijado realista y ecológico de estudio. Si detectamos que nuestro plan no cumple esos requisitos, revisémoslo.
El realismo de nuestro plan de estudio implica que realmente dispongamos de esos espacios temporales y mentales que nos permitan ponernos a estudiar con un ritmo adecuado. Sin esta dosis de realismo en el objetivo, tenemos el riesgo de no llegar, de sentirnos frustrados innecesariamente lo que repercutirá sí o sí en nuestro estado emocional para afrontar nuestro reto.
En cuanto a que nuestro plan de estudio sea ecológico implica que ha de ser compatible con tu ambiente social y familiar, de forma que el impacto en tu ecosistema personal sea razonable y aceptado.
- Utilizar un cronómetro en nuestra rutina de estudio. El cronómetro puede ser un fiel compañero y amigo del opositor, haciéndonos más realistas y conscientes de lo que cada tarea implica a la vez que nos motiva para su consecución.
- Llevar un registro de ese estudio real temporalizado. El uso de registros de este tipo, además de hacernos tomar consciencia de la realidad de nuestro ritmo, nos puede ayudar a tomar decisiones más eficientes sobre nuestra organización.
- Ser consciente de que en qué momentos/días/situaciones nos surgen más resistencias para seguir nuestro calendario, así podremos preverlos y reconocerlos con mayor facilidad e plantearnos realizar algunos ajustes en ese calendario.
- Cuando se nos plantee un impedimento, una urgencia o plan alternativo que nos impida realizar aquello que habíamos prefijado en nuestro plan de estudio puede ser una buena opción preguntarnos…¿es realmente un motivo suficientemente importante como para interrumpir mi preparación hoy?
- Y por último, mi actuación presente ¿me acerca o me aleja del mi objetivo?
Dado que cada información que se memoriza, abre el espacio para incluir información nueva y más compleja, cada dato encuentra su lugar y nuestra sensación de logro va incrementándose según avanzamos en la materia y que eso ocurre según vamos avanzando en nuestra preparación, saltándome un poco como funciona la curva de aprendizaje porque eso daría para mucho más que éste artículo, es importante mantener una rutina de estudio y aferrarnos ella en la medida de lo posible.
Eso no implica que no podamos ser flexibles y adaptarnos a las circunstancias cuando la situación lo requiera, pero mediante una decisión consciente que permita reconducir nuestro plan de estudio sin perder de vista nuestro objetivo.
¿Y qué pasa si un día he pasado de todo y me he saltado mi plan?
He cogido un pasillo de la escalera porque quería quedar con un amigo, me surgió una necesidad imperiosa de limpiar o el perro se comió el temario…
Pues que en vez de seguir peldaño a peldaño, has hecho una paradita, aprovechando que tenías una terraza a la que salir en un día soleado que te estaba llamando, pero como sabes que, tarde o temprano, va a empezar a llover puedes dar media vuelta y ahí sigue tu escalera, esperándote. Así que no pasa absolutamente nada, siempre que retomes el camino y te centres en el próximo peldaño cuanto antes.
Aún así, para combatir ese aburrimiento, una vez que llega, podemos tratar de implementar pequeñas mejoras en nuestra rutina de estudio. Se trata de añadir algunos cuadros o ventanas con vistas a nuestra escalera que además nos van a impulsar a subir varios peldaños del tirón. Desde subrayar a un nivel más detallado, tratar de utilizar reglas mnemotécnicas para fijar determinados contenidos, o utilizar un color más atractivo para determinados datos que necesito recordar.
Con estos pequeños avances, además de combatir ese aburrimiento que puede conllevar una rutina de estudio, estaremos llevando a un nivel superior nuestro desempeño.
¿Y si a esto le añadimos una reflexión semanal o quincenal?
Me refiero a una reflexión sincera, sin juzgarnos y con todo el amor del mundo hacia nosotros mismos, pero productiva.
1. Podemos preguntarnos: ¿Cómo lo he hecho? ¿Qué tal ha sido el resultado? ¿Qué ha pasado? ¿Cómo puedo mejorarlo?
2. Una vez que cuento con esta información... ¿Qué opciones tengo?
3. Entonces ¿qué voy a hacer?
4. ¿Cuando voy a empezar y cómo?
Se trata de ir realizando los ajustes que sean necesarios para obtener los mejores resultados de cara a lograr nuestro objetivo. Y esa reflexión es sólo nuestra. Por ejemplo, si el móvil nos distrae en una tarde de estudio igual es buena idea dejarlo en otra habitación durante el tiempo que uno tenga programado estudiar. O si por la noche el cansancio hace que cuando estudies apenas retengas lo que lees o tengas que repetir varias veces el mismo párrafo por falta de concentración, puede ser útil experimentar y probar a incluir ese tiempo de estudio a otra hora del día.
A veces es necesario reajustar nuestros hábitos y redirigir nuestros esfuerzos para no desviarnos del objetivo y ser los más efectivos posibles.
No obstante, por supuesto, también el objetivo final es revisable, y conviene revisarlo en algunos momentos, pero en plazos más largos, cada 6 meses, anualmente o cuando concurran circunstancias que hagan necesaria ver en perspectiva la situación.
Por eso, sin perder de vista nuestro objetivo final, debemos centrarnos en cada peldaño de la escalera, cada día de estudio, es un escalón que nos acerca a nuestro objetivo y como tal debe ser valorado e incluso celebrado por uno mismo.